Las cuentas entre estas dos instituciones son grandes, en las últimas décadas ambos se han denominado como equipos grandes y gran parte de esto fundamentado en la gran afición que a lo largo y ancho de nuestro país tienen. Aquella final de 2014 en la que Moisés Muñoz se lanzó en la agonía del partido para mandar al balón al fondo ha dejado marcada a toda una generación de aficionados, y la noche del domingo todo podía comenzar a cambiar.

Los americanistas llegaban confiados del triunfo, los cementeros jamás pierden la esperanza, sin importar el momento o circunstancia son fieles a sus sentimientos; era la noche idónea para que aquellos fantasmas se fueran esfumando, era la noche perfecta para vengar toda la carrilla de la que han sido víctimas, solamente su equipo en el campo tenía que anotar un gol, solo uno.

Los minutos fueron corriendo, la desesperación apareció. América en el campo era una auténtica fortaleza militar y Agustín Marchesín se convirtió en un auténtico pulpo debajo de los tres palos. Aquellas caras largas y frustradas comenzaban a ser mayoría en la afición de Cruz Azul, hasta el pitazo final. Una vez más América acababa con su ilusión, una vez más los de Coapa eran los verdugos. Han pasado 20 años desde que Carlos Hermosillo anotó aquel penal ante León, y probablemente pasen otros 20 para ver a este equipo campeón.

REPORTERO
Jesús Rodríguez

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